Construida en 1909 como residencia de verano de una de las familias más destacadas de la aristocracia argentina, la Villa Ortiz Basualdo ocupa un lugar singular en la historia de Mar del Plata. Durante décadas fue una residencia privada pensada para el descanso, la vida social y el despliegue de un modo de habitar propio de la élite porteña. Hoy, transformada en museo, se ofrece como una alternativa cultural para quienes buscan algo más que playa en sus vacaciones.
“Era una residencia pensada para pasar los tres meses del verano, disfrutando de la intimidad familiar, pero también lista para recibir e impresionar a invitados de honor”, explica a LA NACION Guadalupe Ripoll, guía y administradora del Museo Castagnino, que funciona en la antigua villa.
Ese espíritu se tradujo en una casa con rasgos poco habituales para la época: entre otros adelantos, la Villa Ortiz Basualdo tuvo el primer ascensor instalado en todo Mar del Plata, aun cuando se trataba de una vivienda privada y de uso estacional.
Cuando la familia Ortiz Basualdo comenzó a veranear en la ciudad, la población estable de Mar del Plata era reducida y la actividad económica estaba fuertemente ligada a la pesca. Ese panorama empezó a modificarse con la llegada de las grandes familias de Buenos Aires, que comenzaron a construir lujosas villas frente al mar para instalarse durante toda la temporada.
La Villa Ortiz Basualdo fue de las primeras y se concibió como una residencia amplia, capaz de albergar no solo a la familia, sino también a invitados y personal doméstico: en su etapa inicial contaba con 50 ambientes, pero una década más tarde se amplió hasta llegar a los 100.
“De ese total, una parte importante estaba destinada al área de servicio, con habitaciones, comedores y circulaciones propias, reflejo de una forma de vida en la que el funcionamiento cotidiano de la casa requería una estructura compleja”, narra Guadalupe.
La arquitectura acompaña esa ambición: el exterior responde al pintoresquismo característico de las villas veraniegas del período, mientras que el interior combina distintos lenguajes estéticos: neoclásico, neogótico y modernista, incluso con alguna presencia del art nouveau. A estos estilos se suman detalles que hablan del lujo y la singularidad de la casa, como un oratorio privado, un balcón para músicos y el primer ascensor instalado en una vivienda particular en Mar del Plata.
La casa también revela las paradojas de su tiempo. Pese a contar con adelantos técnicos notables, nunca tuvo agua caliente. Pensada para ser habitada solo en verano, concentraba gestos de modernidad y, al mismo tiempo, limitaciones que hoy resultan difíciles de imaginar.
La villa funcionó como residencia familiar hasta aproximadamente 1975. Con el paso de los años, el crecimiento de la familia y las dificultades para sostener el mantenimiento de una casa de estas dimensiones derivaron en su traspaso a manos municipales. A partir de la década del 80, el edificio comenzó una nueva etapa como sede del museo de arte de la ciudad.
El Museo realiza múltiples actividades culturales a lo largo del añoDesde entonces, la antigua casa aristocrática alberga al Museo Municipal de Arte Juan Carlos Castagnino, que reúne una colección de alrededor de 600 obras de distintas disciplinas, entre pintura, dibujo, grabado, escultura y fotografía. El museo organiza exposiciones temporarias que se renuevan periódicamente y mantiene una muestra permanente dedicada a Juan Carlos Castagnino, artista nacido en Mar del Plata, cuya obra forma uno de los núcleos centrales del patrimonio del lugar.
Hoy, visitar la Villa Ortiz Basualdo permite comprender cómo vivían las grandes familias que marcaron el origen aristocrático de Mar del Plata y, al mismo tiempo, acceder a una programación artística activa. Las visitas guiadas recorren los espacios principales del primer piso —donde se conserva el mobiliario histórico— y también proponen itinerarios por áreas menos visibles, como los sectores de servicio, el parque y el exterior de la casa.
Durante el verano, el museo abre todos los días en horario vespertino, lo que lo convierte en una opción accesible para sumar a la agenda vacacional. Ya sea como plan para después de la playa o como refugio en un día nublado, la antigua villa ofrece una experiencia que combina historia, arquitectura y arte en un entorno cargado de memoria.
Además del recorrido por la casa, el museo propone distintas actividades para el público:
Se encuentra en Av. Colón 1189, Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires.
