Gabriela Hernández es la hija de Nélida Sánchez, presa por el régimen de Nicolás MaduroGabriela Hernández es la hija de Nélida Sánchez, presa por el régimen de Nicolás Maduro

“Una celda sin ventanas”: desde Buenos Aires, una exiliada venezolana relata cómo vive su madre el encierro en El Helicoide

2026/01/20 21:04

La activista Nélida Sánchez no sabía que era blanco del régimen de Nicolás Maduro cuando en la mañana del 26 de agosto de 2024 cayó en una trampa del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin). Eran días convulsionados. Hacía pocas semanas, el entonces presidente venezolano se había autoproclamado ganador de las elecciones nacionales y la oposición había respondido publicando las actas que evidenciaban el fraude electoral.

Esa mañana, Sánchez recibió un llamado de su expareja informándole que había sido hospitalizado por un infarto. Ella subió a su auto y manejó hacia el centro médico. Al llegar, dos agentes que estaban encubiertos la interceptaron y le dijeron que la llevarían a la comisaría “en calidad de entrevistada”.

Ser preso político en Venezuela: la vida en el Helicoide

Todo fue parte de un engaño, cuenta hoy su hija, la abogada Gabriela Hernández, desde la sede del Centro Venezolano Argentino, en Villa Crespo. El exnovio de su madre había sido detenido por oficiales del Sebin un día antes y había sido forzado a llamarla e inventar una internación. Tampoco era verdad que Sánchez permanecería solo un par de horas bajo custodia: ese lunes ingresó a la comisaría y nunca más volvió a su casa.

Desde entonces ya pasó casi un año y medio. La activista vive privada de su libertad en un sector de alta seguridad del famoso edificio El Helicoide, en Caracas, junto a varias decenas de presos políticos.

“La celda de mi mamá no tiene ventanas. Una de las primeras cosas que ella nos pidió cuando pudo comunicarse fue un reloj, para poder saber si era de día o de noche. Mi mamá no sabe cuándo llueve”, cuenta Hernández, y hace una pausa para contener el llanto. “Mi mamá no sabe cuándo llueve”, repite.

Nélida Sánchez (derecha) en su casa, junto a su madre y su hija Gabriela, poco antes de su detención

La abogada, de 32 años, radicada en Buenos Aires desde febrero de pasado, cree que seguramente estaría presa junto a su madre si no se hubiera exiliado. Ambas eran voluntarias de la asociación civil Súmate, fundada en 2002 por María Corina Machado cuando su madre fue detenida.

En ese momento, Hernández estaba en Colombia por trabajo. Sus familiares le aconsejaron que no volviera a Venezuela, por lo que se mudó de manera imprevista a la Argentina, donde debió enfrentar al mismo tiempo el duelo de dejar su vida, su familia y su tierra, y la angustia de saber que su madre estaba tras las rejas por tiempo indefinido y sin acceso a su propio expediente judicial.

El Helicoide, en Caracas

Desde el cambio político que comenzó a tomar forma en Venezuela tras la captura de Maduro y la intervención de Estados Unidos en el país, ella se despierta cada día con la ilusión de que su madre esté en la lista de los presos políticos que empiezan a ser liberados en tandas.

El hall principal del Centro Venezolano Argentino, manejado por la asociación Alianza por Venezuela, tiene colgadas decenas de fotos en blanco y negro de los detenidos. En los últimos días, a medida que algunos comenzaron a ser liberados, los voluntarios de la organización fueron pegando encima de cada uno la etiqueta “Libre”. Hernández espera poder colocar en breve una así sobre el afiche de su madre. Si es excarcelada antes del viernes próximo, podrá pasar su cumpleaños número 57 en libertad, luego de un año y medio tras las rejas.

—¿Por qué el Sebin la buscó a ella?

—Dentro de Súmate, ella era la encargada de elaborar el plan de formación de los testigos electorales, lo que ustedes llaman fiscales. A mi mamá la meten presa 28 días después de la elección. Cuando la estaban interrogando, le insistían mucho en el tema de la publicación de las actas electorales que había hecho Súmate. A ellos les molestaba mucho que ella no tuviese la información. Entonces, básicamente, mi mamá está allí por pertenecer a una ONG que ayudó a demostrar el fraude electoral, pero ella no hizo operativamente nada que tuviera que ver con esta demostración.

Básicamente, lo que le dijeron era que la detuvieron porque no pudieron encontrar a ninguna de las personas de esta organización que ellos estaban buscando. El presidente y las directivas de Súmate han tenido que ir saliendo del país o se han ido escondiendo precisamente por esto. Cuando empezó la arremetida, todo el mundo trató de resguardarse. En el caso de mi mamá, ella estaba en la casa de mis abuelos y la única razón por la que salió fue porque recibió la llamada de que tenía que ir al hospital.

—Y, ¿qué cargos le imputan?

—La están imputando por cinco cargos: asociación para delinquir, incitación al odio, terrorismo, conspiración y traición a la patria. Y ordenaron que permaneciera recluida en El Helicoide. Ella no tiene acceso a su expediente. Tampoco tiene acceso a un defensor privado. Y el defensor público no puede ir al Helicoide a reunirse con la persona que está defendiendo.

Tengo una hermana en Venezuela que básicamente es la que la visita y la que ha lidiado con todo el proceso judicial. Ella va a la Defensoría, va al tribunal, etcétera. Y después está mi abuela, que también va a las visitas. Ellas la visitan una vez por semana. Les colocan una mesa en el pasillo, junto a la celda de mi madre.

-¿Cómo es la vida en El Helicoide?

—Dependiendo del día. Es una cárcel que tiene un sector para hombres y otro para mujeres. Son todos presos políticos. Las celdas son paredes sin ventanas y una puerta que tiene una pequeña rejilla por donde se puede ver hacia afuera solo cuando desde afuera alguien la abre. En la celda de mi mamá viven cuatro mujeres. El día a día de ella es despertarse, desayunar y, si es alguno de los días en que la dejan ir al patio, va al patio. Mi mamá estuvo muchos meses en los que solo le permitían salir al patio dos días a la semana, 30 minutos, y el resto del tiempo estaba en su celda sin ventanas. Hubo épocas, incluso, en que las celdas estaban todo el día bajo llave y con candado. Por suerte, eso después cambió.

—¿Cómo viven ella y sus compañeras de celda el encierro?

—Hay días buenos y hay días malos, pero es una espera y es mucha angustia porque al final casi todas las que están allí son inocentes. Se ha armado una comunidad. Mi mamá es una persona muy servicial. Nos ha pedido ropa y zapatos para las nuevas reclusas a las que llevan desde otros estados de Venezuela, cuyos familiares todavía no saben que están presas y entonces no tienen, quizás, ni un zapato para ponerse. Como toda comunidad, hay días en que, producto del mismo encierro, hay susceptibilidades. Pero se ha creado una hermandad. Yo creo que cualquier preso político de los que han sido excarcelados te lo puede decir: se crea una hermandad muy bonita.

—¿Cómo vive ella el hecho de quizás estar más cerca de ser liberada?

—Mi hermana me comentó que la visitaron la semana pasada, cuando ya había comenzado este proceso, y que mi mamá se había arreglado las uñas, se había pintado el cabello y que básicamente tiene todo recogido, esperando que la busquen y le digan que ya va para su casa. Es la primera vez que tiene esta esperanza. El Helicoide está en Caracas, entonces, cuando capturaron a Maduro, el 3 de enero, ellas escucharon los bombardeos. Enseguida, la información comenzó a filtrarse y el clima se volvió de esperanza. Ella tuvo un sueño hace meses en el que ella y sus compañeras salían todas juntas por la puerta de El Helicoide.

Sánchez (derecha) junto a su hija Vlaneli, melliza de Gabriela

—¿Cómo viven ustedes este tiempo de espera?

—Para nosotros cada día es una esperanza nueva porque, claro, en la noche, cuando se acaba el día, la esperanza de ese día se pierde, pero cuando comienza el nuevo, ganas una nueva esperanza. Mi abuela la está esperando; todos los días dice: “Hoy es el día que llega mi hija”. Fue un proceso muy doloroso porque pasan los días, los meses… Creo que nos hemos mantenido fuertes. Como familia, nos apoyamos mucho entre todos. Todas las mañanas nos damos los buenos días por el grupo de WhatsApp que tenemos. Y si uno se cae, el resto lo levanta. Intentamos mantenernos muy cerca aun estando lejos.

—Si liberan a tu mamá en los próximos días, ¿qué vas a hacer?

—La voy a esperar. Yo ahorita no voy a volver a Venezuela. Mientras Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez estén en el poder, a cualquiera lo pueden detener cualquier día. Entonces, creo que las condiciones de seguridad todavía no están dadas para ir a Venezuela, por lo menos hasta que no haya un cambio político verdadero en el país.

Cuando mi mamá salga, va a tener que atravesar, como cualquier preso político, un proceso de readaptación. Estuvo un año y medio en una celda. Ellos son presos políticos, pero están en cárceles y viven lo que se vive en las cárceles: requisas, etcétera. Entonces, creo que viene un proceso bastante duro e importante de reinserción, de aprender a despertarse otra vez en su casa y entender que esa es su casa. Y cuando ella ya haya vivido y sanado todo eso, creo que lo próximo será traerla y que vea en dónde he estado viviendo el último año de mi vida y que vea lo bello que es Buenos Aires.

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