La ola de frío que avanza sobre Estados Unidos volverá a intensificarse con la llegada de una nueva y extensa tormenta invernal. El sistema, impulsado por aire ártico y acompañado por múltiples rondas de nieve, hielo y temperaturas extremadamente bajas, se perfila como uno de los episodios más severos del invierno desde este viernes.
Desde el suroeste hasta la costa del Atlántico, el desarrollo de esta tormenta invernal marcará un punto crítico de la temporada fría. De acuerdo con análisis de AccuWeather y Fox Weather, el sistema afectará a más de dos docenas de estados y se extenderá por más de 2000 millas (más de 3000 km), hasta alcanzar a más de 150 millones de personas, con estimaciones que elevan esa cifra hasta 175 millones de habitantes bajo algún tipo de impacto invernal.
El fenómeno comenzará a desplazarse desde el suroeste hacia el este a partir del viernes y se mantendrá activo durante todo el fin de semana, con efectos que podrían prolongarse varios días más debido al frío persistente.
La magnitud del evento no solo se mide por su extensión geográfica, sino también por la superposición de riesgos: nieve abundante en algunas zonas, hielo severo en otras y una masa de aire ártico que consolidará temperaturas peligrosamente bajas incluso después de que las precipitaciones disminuyan.
Una amplia franja con nevadas suficientes como para requerir palas y quitanieves se perfila desde el noreste de Nuevo México y el noroeste de Texas, con un paso por Kansas y el norte de Oklahoma, hasta alcanzar el sureste del estado de Nueva York, Nueva Jersey y amplias zonas de Nueva Inglaterra.
En estas regiones, algunas localidades ubicadas en el sector más frío de la tormenta podrían recibir entre seis y 12 pulgadas (15 a 30 centímetros) de nieve, siempre que no interfieran el aguanieve, la lluvia o el aire seco.
En áreas montañosas de los Apalaches, las acumulaciones podrían ser aún más extremas, con más de dos pies (0,6 metros) de nieve, lo que eleva el riesgo de aislamiento prolongado.
Importantes áreas metropolitanas se encuentran en la trayectoria del sistema, entre ellas Dallas, Austin, Oklahoma City, Nashville, Atlanta, Charlotte, Washington D.C., Baltimore, Filadelfia, Nueva York y Boston, donde incluso acumulaciones moderadas pueden generar un fuerte impacto debido a la densidad poblacional y al volumen de tránsito.
Mientras que la nieve puede ser gestionada con relativa eficacia en regiones acostumbradas, el hielo representará uno de los mayores peligros de esta tormenta. Más de 15 estados, desde Nevada hasta la costa este, podrían experimentar episodios de lluvia congelada entre viernes y lunes. Las zonas con mayor riesgo incluyen áreas desde el centro de Texas hasta Tennessee, Carolina del Norte y Carolina del Sur, donde se prevé una configuración clásica para tormentas de hielo severas.
En algunos puntos de Carolina del Norte y Carolina del Sur, Georgia, Arkansas, Texas, Louisiana y Mississippi, se pronostican acumulaciones de hasta media pulgada (1,3 centímetros) de hielo. Este espesor es suficiente para derribar árboles, dañar líneas eléctricas y provocar apagones generalizados.
Detrás de la tormenta, el aire ártico mantendrá temperaturas cercanas o por debajo del punto de congelación en gran parte del este del país norteamericano.
En Dallas, por ejemplo, se espera que las marcas térmicas desciendan por debajo de 32°F (0°C) durante 48 a 60 horas consecutivas. Aunque este episodio no alcanzaría la duración ni la intensidad del brote histórico de febrero de 2021, coincidirá con una tormenta de nieve y hielo de gran escala, lo que amplificará sus efectos.
En amplias zonas del Medio Oeste y el Noreste, las temperaturas máximas podrían situarse en valores de un solo dígito y en los 10°F (entre -12°C y -9°C), lo que dificultará las tareas de remoción de nieve y aumentará el riesgo de hipotermia y congelación para quienes permanezcan al aire libre durante períodos prolongados.


