La decisión de España de prohibir el acceso a redes sociales a menores de 16 años volvió a poner en debate el impacto de la tecnología en la infancia y la adolescencia. La medida no es aislada: otros países como Dinamarca, Australia y Estados Unidos ya avanzaron con regulaciones similares, cada uno con distintos enfoques.
En diálogo con LN+, el especialista en ciberseguridad Gabriel Zurdo explicó por qué este tipo de iniciativas comienzan a multiplicarse y advirtió que se trata apenas de “un comienzo” frente a un fenómeno que se profundizó tras la pandemia.
Según Zurdo, el uso de pantallas se volvió omnipresente en la vida cotidiana de los chicos: desde la educación hasta el entretenimiento y las compras mínimas. “Después de la pandemia hubo un abrazo sobre la minoridad del uso de tecnología, más pantallas, más dispositivos, más interacción continuamente”, señaló.
Alerta redes socialesUno de los ejes centrales de estas restricciones es el exceso y la propensión a la adicción. Zurdo remarcó que la edad de inicio bajó de forma drástica: antes de la pandemia, el promedio rondaba los 13 años, mientras que hoy se ubica entre los 8 y 9 años.
“Las pantallas son muy dañinas y los algoritmos llevan fórmulas matemáticas y visuales para captar la atención y lograr que los chicos se envicien”, explicó. Incluso comparó el fenómeno con un hábito incorporado por los adultos: “Hoy el chupete es electrónico”.
Otro punto crítico es la exposición temprana a contenidos inapropiados. El especialista advirtió que muchos chicos ven sexo explícito por primera vez a edades muy tempranas, aún cuando existen controles parentales.
“Pese a los controles parentales, que pierden eficiencia, chiquitos de entre 8 y 9 años ven sexo explícito con libertad total”, afirmó. Y agregó que en muchos casos los padres desconocen que sus hijos usan dispositivos alternativos: “Muchas veces hay papás que ignoran que sus hijos tienen otro teléfono”.
El último eje tiene que ver con el cyberbullying, el grooming y el abuso de menores, delitos que, según Zurdo, conforman un negocio sostenido por la vergüenza y el silencio.
“Uno de cada 10 chicos sabe darse cuenta y comunicar que está siendo víctima de un abuso”, explicó. El especialista describió cómo operan los agresores en plataformas de juegos, especialmente de noche, cuando los padres duermen, haciéndose pasar por otros chicos.
Zurdo enumeró tres señales claras de alerta para los adultos: cuando los chicos se encierran con el teléfono y reclaman privacidad, cuando cambian bruscamente de humor y cuando no permiten que se revise el dispositivo.
También alertó sobre prácticas cada vez más frecuentes, como las apuestas digitales entre menores: “Analizamos que el 30% de los chicos en el recreo apuestan dinero. Practican en las consolas y luego juegan a jueguitos simples por plata que sale de la billetera virtual que los padres le dan para el snack”.
Para el especialista, la regulación estatal es importante, pero insuficiente si no hay conciencia en el hogar. “Esto no se detiene ni va a aminorar. Si no generamos consciencia desde casa, va a ser difícil contrarrestar”, concluyó.
