La pascalina, ideada por Blaise Pascal en el siglo XVII, representa uno de los primeros intentos documentados de sustituir la mente humana en tareas aritméticas mediante una máquina. Considerada por el Instituto de Francia como el origen de la informática moderna, esta calculadora mecánica no solo transformó la forma de procesar datos en su época, sino que sentó las bases para el desarrollo posterior de la tecnología digital.
El reciente anuncio de la subasta de una pascalina original, perteneciente a la colección privada de Léon Parcé, desató una intensa reacción en el ámbito científico y cultural francés, según publico BBC. Intelectuales y miembros del Instituto de Francia calificaron la máquina como “una de las principales joyas del patrimonio intelectual y tecnológico francés”, y criticaron la decisión del Estado de permitir su posible exportación, al no clasificarla como “tesoro nacional”.
La máquina, valuada entre USD 2 y 3,5 millones, fue definida por la casa de subastas Christie’s como “el instrumento científico más importante jamás ofrecido en subasta”. La pascalina, de 36 x 12,5 x 6,5 centímetros, puede realizar sumas, restas, multiplicaciones y divisiones a través de un sistema de ruedas y engranajes, constituyendo un prodigio técnico para su tiempo.
El matemático y divulgador Cédric Villani, galardonado con la Medalla Fields y voz de referencia en la matemática contemporánea, subrayó el valor simbólico de la pascalina: “Es mucho más que una simple máquina. Es emblemática de todo un capítulo de la historia de la humanidad”. La pieza fue exhibida en una gira internacional antes de su remate, lo que permitió a expertos y público general apreciar la sofisticación de su diseño.
Blaise Pascal desarrolló la pascalina inspirado por la necesidad de ayudar a su padre, recaudador de impuestos en Normandía, a lidiar con los complejos cálculos fiscales. A los 19 años, Pascal abordó el reto de diseñar un mecanismo de acarreo automático, resolviendo así uno de los mayores desafíos de la aritmética mecánica: la transmisión precisa del “llevar uno” durante las operaciones.
El alcance de la pascalina, de acuerdo con BBC, fue tal que, en 1649, obtuvo un privilegio real firmado por Luis XIV, prohibiendo la fabricación de copias y otorgándole el equivalente de una patente moderna. Pascal llegó a enviar una de sus máquinas a la reina Cristina de Suecia, acompañándola de una carta que destacaba la capacidad de la máquina para liberar al usuario del esfuerzo mental y del riesgo de error.
A pesar de su impacto, la fabricación artesanal y costosa limitó su difusión. Sin embargo, la pascalina deslumbró a los eruditos de su tiempo, fue mencionada en la Enciclopedia de Diderot y d’Alembert, e inspiró la evolución de las calculadoras mecánicas, desde los cilindros de Leibniz hasta los aritmómetros del siglo XIX. Su influencia llega hasta el lenguaje de programación Pascal, desarrollado en el siglo XX y utilizado en la educación en informática.
Referentes contemporáneos de la industria tecnológica, incluyendo a expertos de Google, destacan el papel fundacional de la pascalina en la historia de la computación. Según análisis recogidos por portales especializados en historia de la informática, la pascalina es vista como el antecedente remoto de los actuales computadores; su lógica de automatización y su capacidad para traducir procesos matemáticos en mecanismos físicos anticiparon los principios básicos de la computación digital.
Voces de Google han señalado en foros académicos que el verdadero valor de la pascalina reside en su demostración tangible de cómo la automatización puede liberar al ser humano de tareas repetitivas y propensas al error, abriendo el camino a la era de la programación y los algoritmos.
Actualmente, la pascalina es considerada una pieza de museo, exhibida en instituciones como el Museo de la Historia de la Computación en California y el Museo de las Artes y Oficios en París, donde sigue inspirando a estudiantes e ingenieros. El consenso entre historiadores y tecnólogos es que la pascalina no fue solo una máquina, sino un símbolo del ingenio humano y un testimonio de la capacidad de la tecnología para transformar la sociedad.

