Se agiganta ante su máximo contrincante. La rivalidad entre las dos naciones lo potencia y le hace aflorar lo mejor de sí. Escocia volvió a mostrar su mejor versión rugbística frente a Inglaterra, se impuso por 31-20 en Edimburgo, estirar su paternidad reciente, sigue en la lucha por el Seis Naciones y reafirma a Gregor Townsend como entrenador, después de una semana de cuestionamientos externos.
El pintoresco y bullicioso Murrayfield vibró con un equipo que ofreció respuestas inmediatas después del golpe que sufrió en el debut. La pálida actuación y la caída a manos de Italia generaron malestar e incomodidad en una selección que no logra dar el salto; con una gran generación de jugadores y figuras en casi todos los puestos, aún no consiguió pelear hasta el final en un Seis Naciones. Su última conquista ocurrió en 1999, justo antes de que se sumara Italia a la competencia.
Pero el público sabe que contra Inglaterra este grupo de escoceses da un plus. Se agranda y saca a relucir sus dos mejores caras: la de un equipo fluido y preciso cuando se lanza a jugar y la de una defensa férrea, que tiene agresividad y carácter. Motivos por los que a los 14 minutos ya estaba en ventaja por 17-0 gracias a un penal de Finn Russell y dos tries de gran gestación, con buena participación del 10: en el primero, definido por Huw Jones, hubo una asistencia de cachetada del apertura, y en el segundo, una precisa conducción que derivó en que Jamie Ritchie anotara en una de las puntas.
Cuando Russell fluye, Escocia suele fluir. Cuando no lo hace, como siete días atrás ante Italia, su equipo tiende a decaer. El apertura es un eslabón fundamental en el juego de su equipo, como Sione Tuipulotu, otro generador de juego, que agrega una potencia que lo convierte en uno de los mejores centros del mundo.
Inglaterra no perdió la calma, una de sus virtudes, pero sufrió la indisciplina de Henry Arundell, el autor del primer try (venía de marcar tres contra Gales), que fue amonestado en el inicio y expulsado provisionalmente a los 37 minutos, por una segunda tarjeta amarilla en una carga aérea. El cuadro visitante falló en la zona roja y en los momentos de caos se desordenó. Funciona bien cuando impone sus normas y suele sufrir cuando el partido se transforma en un torbellino. El try de Ben White, tras una falla en la recepción en el fondo de la cancha, es una prueba cabal.
En un encuentro cambiante, Inglaterra sufrió un suceso infrecuente. George Ford, el maestro del drop, falló uno en un momento crucial del segundo tiempo, pero no solo eso: Matt Fagerson le tapó el kick y asistió a Huw Jones para estirar el triunfo parcial a 31-13, cuando Escocia estaba arrinconado cerca de su in-goal e Inglaterra estaba por volver a contar con 15 jugadores. Fue un golpe de knock-out. Nacido en Sudáfrica, Jones es la personificación de la paternidad actual que ha creado Escocia sobre Inglaterra; con ocho conquistas, es el jugador que más veces apoyó frente a los ingleses en la historia del torneo.
La Copa Calcuta, el trofeo más añejo en la historia del rugby, que es premio en todos los encuentros entre la Rosa y el Cardo en el certamen, es puesta en juego desde 1879 y en los últimos años tiene como claro dominador a Escocia. El conjunto azul levantó el trofeo en siete de las últimas nueve disputas, una proporción que contrasta con las de los enfrentamientos con los otros rivales del Tier 1. Aun con buenas insinuaciones, no consigue encadenar grandes producciones y flaquea cuando tiene el panorama en favor. Las dos derrotas a manos de los All Blacks y los Pumas en la ventana de noviembre son una clara muestra.
Inglaterra se desmoronó y revivieron viejos fantasmas cuando todo indicaba que había encontrado una regularidad afianzada. No logró desconectar los circuitos de juego de Escocia, que marcó la diferencia en los canales externos. Los conducidos por Steve Borthwick no aprovecharon su clara superioridad en el scrum y ni siquiera lograron un punto de bonus defensivo, por lo que se quedaron sin margen de error para ir por el título de campeón. Además, el duelo con Francia, el máximo favorito, tendrá lugar en Saint-Denis en la última fecha.
Los jugadores de Escocia respaldaron a Gregor Townsend, que lleva diez años como seleccionador, llegó con fuertes cuestionamientos a Murrayfield y se fue con una sonrisa en su partido número 100 al mando. En gran parte, se sostiene gracias a los triunfos sobre Inglaterra, esos que su público festeja como a ningún otro. Pero ahora el desafío es elevar la vara para que esas victorias no queden aisladas y pelear hasta el final por la corona que no obtiene desde hace 27 años. Cruzarse con este disminuido Gales será una buena oportunidad de no dormirse en los laureles y acomodarse en la lucha.
