RÍO DE JANEIRO.- Cuando a las tres de la tarde Tomás Etcheverry se desplomó sobre el polvo de ladrillo del court central del Río Open, después de superar una desgastante batalla interrumpida por la lluvia, el sábado por la noche, y por el calor extremo, en el mediodía de este domingo ante Vit Kopriva, en el tanque de combustible parecía no quedarle líquido.
Allí, con tierra naranja hasta en las orejas y consumido por un clima sofocante, sintió haber dejado gran parte de sus ilusiones de ganar por primera vez un título ATP. Apenas tres horas más tarde regresó a la cancha para disputar la final, frente al chileno Alejandro Tabilo, que había accedido con mayor comodidad. Perdió el primer set por 6-3, pero impulsado por un amor propio conmovedor, ganó los siguientes parciales por 7-6 (7-3) y 6-4, en 3h04m. Volvió a desplomarse sobre el polvo de ladrillo, esta vez llorando, tras haber cumplido el sueño de ser campeón.
Al no tener electricidad en las piernas, Etcheverry comenzó el partido con la clara decisión de tomar riesgos en sus impactos y, rápido, en el primer game, la estrategia le dio buenos resultados: apuntó a las líneas y le rompió el saque al zurdo, 68° del ranking. Pero, ya con la remera totalmente sudada por la humedad, Etcheverry cedió su saque enseguida (1-1). Y volvió a perder el servicio en el cuarto game (3-1). Los drop shots de Tabilo fueron un acierto táctico, porque provocaron que el platense tuviera que arrancar con una explosión de piernas que no tenía. Cuando se acercó a buscar la toalla al rincón donde estaba su entrenador, Waly Grinovero, se mostró contrariado, sabiendo que corría en desventaja. Así y todo, Tabilo empezó a cuidarse más en los impactos, Etcheverry tuvo un break-point en el 5-3, pero la pelota le quedó lejos de la mano, falló la derecha y, dos puntos después, el chileno entrenado por el cordobés Germán Gaich cerró el set.
En el segundo parcial, con aproximadamente el 60% del público en las tribunas (el estadio Guga Kuerten tiene capacidad para 6200 espectadores), Tabilo siguió por la misma línea, intentó desplazar a su rival, quebró en el tercer game, se adelantó 2-1 y a Etcheverry el partido pareció quedarle lejos. Pero Tabilo sintió los nervios al verse cada vez más cerca del trofeo y de transformarse en el primer chileno de la Era Abierta en obtener títulos sobre superficie dura (Auckland 2024 y Chengdu 2025), césped (Mallorca 2024) y polvo de ladrillo.
Casi sin expectativas entre el puñado de espectadores que alentaba al argentino, Etcheverry generó un break-point en el sexto game, con Tabilo sirviendo 3-2, y lo aprovechó, yendo a la red (3-3). Llegaron al 4-4 y Tabilo (19° en 2024) presionó y tuvo dos nuevas chances de quiebre que Etcheverry, con espíritu combativo y sin amedrentarse, salvó: tras largos dieciséis puntos, el argentino ganó su turno de saque (5-4) y crispó el puño desahogándose tras semejante examen aprobado. Ambos volvieron a ganar sus servicios. Etcheverry, de golpe, se vio arriba y tuvo un set point, con Tabilo sacando 5-6, pero un drive del chileno pegó en el fleje del fondo y la respuesta se le fue al argentino. Llegaron al tie-break: se desafiaron, cambiaron de lado con Etcheverry 4-2 arriba, una ventaja que se estiró y le permitió al bonaerense ganar el parcial por 7-6 (7-3).
El tercer set continuó, por un lado, con Tabilo exhibiendo dudas y dificultades para impactar de drive (por momentos empujando la pelota), y por el otro, con Etcheverry envalentonado. En el tercer game, con el score 1-1, Etcheverry arrinconó a su rival, desaprovechó dos break-points, pero no se desmoralizó, construyó uno más y lo ganó, dando un paso adelante fundamental. Vaya mala fortuna para el argentino: empezó a lloviznar. Tabilo fue atendido por el fisioterapeuta por molestias en la cadera derecha. La intensidad de la lluvia aumentó tanto como el drama dentro del court. Etcheverry tuvo dos chances de rompimiento en el quinto juego, para dejar a Tabilo casi en KO por 4-1, pero éste sobrevivió (3-2). Un puñado de aces lo ayudaron a Tommy a seguir arriba (4-2) y a mantener la calma. Llegando a las tres horas, Etcheverry sacó (5-4) para ganar el título. Se adelantó 40-15, pero no pudo definir los dos match points. Los fantasmas sobrevolaron el Jockey Club Brasileiro. Pero con el 40 iguales, Tabilo se invirtió y erró un drive por mucho. ¡Tercer match point! Y esta vez, sí. Tabilo tiró muy lejos una derecha y Etcheverry se despojó de la espina que tenía atravesada desde que había jugado su primera final, en Santiago 2023. ¡Campeón! Un campeón del coraje, que además ganó los cinco sets definidos en tie-break que disputó en la semana. Diego Schwartzman, ganador del Río Open en 2018, le entregó el trofeo.
El triunfo, además de impulsar a Etcheverry al número 33 del ranking (+18), lugar que no ocupaba desde agosto de 2024, alarga el legado argentino en el único ATP 500 de la región: ya son tres ediciones consecutivas con un campeón albiceleste, tras el bicampeonato de Sebastián Báez, en 2024 y 2025. El platense, además, ganó un premio de US$ 461.835.
“Es un sueño cumplido para mí, es mi primer título y venía buscándolo mucho con mi equipo. Todavía no puedo creerlo. Di el cien por cien, era la final, era el partido más importante y lo dejé todo. Había perdido tres finales (además de Santiago, Houston 2023 y Lyon 2024) y estoy muy emocionado ahora mismo. Fue un partidazo y cayó de mi lado. Es el día más feliz de mi vida. ¡Gané mi primer título! No lo puedo creer”, expresó Etcheverry, antes de que los fuegos artificiales empezaran a ilustrar la noche carioca y, en los parlantes, sonara ‘You’re simply the best’. Efectivamente, Etcheverry jamás lo olvidará.


