Entre copas un domingo al mediodía, en el bar de vinos Viti, en la Ciudad ViejaEntre copas un domingo al mediodía, en el bar de vinos Viti, en la Ciudad Vieja

La ciudad del otro lado del río que se resiste al paso del tiempo y a la vez suma vanguardia

2026/03/15 11:30
Lectura de 12 min
Si tienes comentarios o inquietudes sobre este contenido, comunícate con nosotros mediante crypto.news@mexc.com

En Uruguay, el Parlamento impulsó leyes progresistas mucho antes que en otros puntos del continente. El divorcio fue aprobado en 1907, 80 años antes que en Argentina; en 1913 se habilitó por la sola voluntad de la mujer y, en 1918, se consagró la separación de la Iglesia y el Estado, apenas 13 años después que en Francia. En 1927, se convirtió en el primer país de Sudamérica en aprobar el voto femenino.

Ya en el siglo XXI, ese perfil reformista se afianzó con la aprobación de la ley de aborto legal, en 2012, y la de matrimonio igualitario, al año siguiente. En 2013 también se reguló el mercado de cannabis, habilitando la producción, la distribución y el consumo legal de marihuana. Con la aprobación, en 2025, de la ley de eutanasia, se sumó a un reducido grupo de naciones que han avanzado sobre derechos especialmente delicados, como el de decidir sobre la propia muerte: Bélgica, Luxemburgo, España, Canadá, Colombia, Países Bajos y Nueva Zelanda.

Caminata por la Rambla de Pocitos

La rambla es una obra arquitectónica colosal, impulsada por un Estado moderno que buscaba “embellecer la ciudad, propiciar el turismo y generar el acceso a espacios abiertos públicos en donde la población, especialmente los trabajadores, pudiera disfrutar de su tiempo libre”, según un archivo de la Intendencia. Esta rambla, que en su origen fue un símbolo de modernidad y de futuro, se ha convertido hoy en un referente de la identidad y la permanencia, explica Ernesto Spósito, arquitecto y director de la Unidad de Patrimonio de la Intendencia.

Look playero en la Rambla

En la rambla sucede gran parte de la vida urbana. Un camino que bordea la costa del Río de la Plata y que abarca mucho más que eso: es un punto cardinal que vibra en todas las direcciones. El lugar donde los montevideanos se juntan a conversar, disfrutar de un mate, pescar, leer o tomar sol, donde se reúnen para caminar, trotar, andar en bicicleta o monopatín y escuchar música. La rambla se vive. Las mujeres se sientan sobre la arena, debajo del extenso paseo costero, mientras sus hijos juegan al fútbol después de la escuela. Dos chicas extienden una lona sobre el pasto frente al río, porque, por momentos, la rambla es de cemento y baldosones; en otros, es una lengua de césped donde se alzan palmeras, un teatro de verano, restaurantes y una pista de patinaje con adolescentes que hacen piruetas en skate o se deslizan en patines de cuatro ruedas. Están los que pasean perros, vuelan barriletes, juegan al vóley o se sientan a mirar el paisaje desde la explanada Marosa Di Giorgio, nombrada así en homenaje a la poeta de Salto. “Si no fuera por la rambla me iría a Buenos Aires”, dice una muchacha.

El clásico sándwich de chivito (El Tinkal), un ícono de la gastronomía local“El chivito se come con la mano”, lema del emblemático Bar Tinkal

La obra monumental se cimentó en diferentes etapas a lo largo de 46 años, desde 1906 hasta 1952. “Un punto clave en el diseño es su despojamiento de ornamentos, la regularidad de las formas, la armonía de las proporciones, el cuidado de los detalles, la expresividad de los materiales y la calidad constructiva”, se lee en el archivo de la Intendencia. Desde la Escollera Sarandí hasta el arroyo Carrasco, la rambla construida tiene 20 kilómetros y está dividida por zonas. En el extremo sur se encuentra la Rambla Sur, último tramo en terminarse y, desde ahí hacia el este, la Rambla Wilson, de Pocitos, del Buceo, de Malvín, de Punta Gorda y de Carrasco. Hay un acuerdo tácito y unánime entre los habitantes –taxistas, estudiantes y señoras elegantes–: no hay montevideano que no esté convencido de que los atardeceres en la rambla son la imagen más bella de la ciudad. Un detalle: al río le dicen mar y nunca se le dice costanera a la rambla. Una certeza: sin rambla no hay Montevideo.

Muchachas en la entrada al Rosedal, Parque del Prado

La Escollera Sarandí es el inicio, el lugar de los pescadores, por donde entran y salen los buques, y el punto más extremo de la Ciudad Vieja. Es la extensión mar adentro de la calle Sarandí, una peatonal que nace en la Puerta de la Ciudadela. En toda esa zona, hacia uno y otro lado de la enorme puerta que recuerda una ciudad amurallada –la Puerta de la Ciudadela era la entrada principal a la fortaleza–, se concentran la mayoría de los paseos históricos. Hitos arquitectónicos como el Palacio Salvo, de cara a la Plaza Independencia, o el Palacio Taranco, en una de las esquinas de la Plaza Zabala, una de las más importantes de Uruguay, con un monumento en honor al fundador de Montevideo, Bruno Mauricio Zabala. También la Catedral y el Cabildo, que, a diferencia de otras metrópolis, no se encuentran en una calle lindera a la plaza principal, sino sobre una plaza pequeña pero igual de emblemática: la Plaza Matriz.

Vista del magnífico Palacio Salvo, desde la Plaza IndependenciaTomando algo en la peatonal Pérez Castellano

Edificios, calles y museos, restaurantes y decenas de barcitos, pastelerías y cafés de especialidad se despliegan por la Ciudad Vieja. No se puede recorrer en un solo día. O sí, pero quedaría mucho por mirar. Fundamental es la visita al Mercado del Puerto, inaugurado en 1868, después de tres años de obra. Su estructura metálica –fabricada en Liverpool– fue montada por herreros que llegaron de Europa. Lo que pasa adentro es interesante: hay oferta gastronómica y comercios de souvenirs, pero lo que sucede afuera es mejor. Perderse por las intersecciones de la calle Pérez Castellanos, descubrir una casa de alfajores premiados o un museo como El Juguetero, con 27.000 piezas de juguetes antiguos, 3.000 de las cuales se exponen al público. Destacan los autos Austin a escala de 1950 o una bicicleta de madera de 1890, de origen alemán. Llegar hasta la disquería 33 Revoluciones y escuchar clásicos del jazz, entremezclados con los tambores de una formación de candombe, el ritmo con el que late la ciudad.

Elegante escalera del Palacio Taranco, frente a la Plaza ZabalaMuseo El Juguetero, en la Ciudad Vieja

Hay varios museos en la Ciudad Vieja. Uno es el inevitable Joaquín Torres García. Otro es el Museo de Arte Gurvich, dedicado a José Gurvich, discípulo de García, con una colección permanente que incluye piezas de cerámica realizadas con la técnica “chorizo” –pequeños cordones de arcilla que se van apilando hasta conformar una figura–. Cerca del museo está el Bar Brasilero, sobre la calle Ituzaingó, fundado en 1877 y ubicado en un edificio que es patrimonio arquitectónico. Con bronces de estilo art nouveau y mobiliario italiano, por allí pasaron grandes figuras de la literatura uruguaya, como Juan Carlos Onetti, Idea Vilariño, Mario Benedetti y Eduardo Galeano, asiduo cliente durante más de 20 años. En su honor, el café Galeano lleva amaretto, crema y dulce de leche.

Belleza minimalista y vegetación exuberante en el Jardín Japonés del Parque Prado

A la vuelta del antiguo café se encuentra la Plaza Matriz y, a sólo dos cuadras, la Plaza Independencia, con hileras de palmeras, sin una sola paloma –en 2012, la comuna contrató un servicio de cetrería con halcones entrenados para eliminarlas– y coronada por su monumento central, el de José Artigas a caballo. Debajo se encuentra el mausoleo, custodiado por blandengues –los soldados de Artigas–, donde se pueden leer enormes inscripciones: “Muerte del general José Artigas, 23 de septiembre de 1850”; “Repatriación de sus restos, 19 de septiembre de 1855” y “Los más infelices serán los más privilegiados”.

Luz natural en la sala de exposiciones del CdF (Centro de Fotografía de Montevideo)

Cruzando la Plaza Independencia hacia la Avenida 18 de Julio se alza el grandioso Palacio Salvo, construido por encargo al arquitecto Mario Palanti, y declarado monumento histórico nacional desde 1996. El edificio es impactante desde cualquier ángulo, y una de las vistas más hermosas se da cuando el cielo está despejado, y el frente, cargado de formas redondeadas contrasta con el celeste limpio. Pasear por la Avenida 18 de Julio pide una condición: levantar la vista para observar el eclecticismo de lenguajes de los edificios. El Palacio Díaz, de arquitectura art déco; el Palacio Rodríguez Sosa, con su cúpula imponiéndose en una de las esquinas. En 18 de Julio 885, en el Edificio Bazar –también art déco y construido en 1932–, funciona el Centro de Fotografía de Montevideo (CdF), un espacio moderno con una mediateca que cuenta con más de 3.000 títulos de obras icónicas y contemporáneas, información de referencia en fotografía y estudios sobre la ciudad. El CdF lleva adelante fotogalerías, pasarelas bien iluminadas, que exhiben imágenes en grandes dimensiones, en espacios públicos como el Parque Rodó, el Parque del Prado o el Parque Batlle, donde se encuentra el Estadio Centenario. Otro edificio obligado es el Palacio Municipal, sede de la Intendencia de Montevideo, ideado por el arquitecto Mauricio Cravotto, que tiene en la explanada una réplica en bronce del David de Miguel Ángel. En el piso 22, a 77 metros de altura, hay un mirador con vista panorámica de 360 grados, desde donde se observa el cordón costero, parte de la extensa rambla, la bahía y los buques navegando el río.

Las palmeras de la plaza Independencia delante de un edificio de oficinas

Y hay más. El mural de una de las sucursales del supermercado uruguayo El Tata, con cuatro retratos inmensos de cineastas, entre ellos Alfred Hitchcock, con un pájaro posado en el brazo izquierdo. El Patio Andaluz del Parque Rodó, tesoro donado por emigrantes andaluces en 1939, decorado con azulejos pintados a mano de la prestigiosa fábrica sevillana Mensaque Rodríguez & Compañía. También el íntimo y precioso Jardín Japonés del Parque del Prado, detrás del Museo de Bellas Artes Juan Manuel Blanes, otra joya de la ciudad. Imperdibles sus óleos de gran magnitud, como El juramento de los treinta y tres orientales (311 x 564 cm).

Café Brasilero

Otras curiosidades son el túnel excavado por militantes del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros para la fuga de 1971 –visible desde el piso vidriado de lo que hoy es el bar El Berretín, en el barrio de Punta Carretas–, o el enigmático Castillo Pittamiglio, del alquimista y arquitecto Humberto Pittamiglio; su frente tiene una réplica de La Victoria de Samotracia, una de las esculturas más famosas del Louvre, asomando entre los edificios de la Rambla Wilson.

En una caminata también se pueden encontrar golosinas gloriosas, tan memorables como sus nombres. “Ricardito”, chocolate por fuera e interior de merengue; “Juana la Loca”, el alfajor de chocolate que recomiendan probar bien frío. O las gomitas con forma de oso en miniatura, hechas de jugo de pickle, que ofrecen en el Café Santé, en el barrio de Pocitos.

Sobremesa en el café Sante de Pocitps

Y, por supuesto, los clásicos, como el olímpico de jamón y queso de Paysandú, uno de los bares más antiguos de la ciudad. O el célebre chivito de El Tinkal, Bar de Chivitos, fundado hace más de 50 años por Lucila González y Manuel Bello, dos inmigrantes españoles. Actualmente, El Tinkal es atendido por la tercera generación de la familia, celosa de que el clásico conserve la excelencia de siempre, ya que utilizan carne de primera calidad y el mismo pan catalán desde hace cinco décadas. Está a metros de la Rambla República Argentina y es inconfundible por su marquesina roja y la leyenda que se ha convertido en lema: “El chivito se come con la mano”.

Mujer coqueta posa para un retrato en la playa de la Rambla de Pocitos

Otro restaurante ideal para hacer un alto, tomarse tiempo y comer bien es Vicenta, a cargo del chef Marco Bonino. Cerca de la playa Pocitos, el lugar tiene pocas mesas y un cuadro muy atractivo en la pared central, el primer plano del cabello trenzado de una mujer. Bonino tuvo restaurante en Mallorca y trajo de allá algunos saberes; es uno de los cocineros que mejor domina el trabajo con pescados (cuando descubrió a su proveedor en una feria, no lo abandono más). El restaurante se inauguró hace ocho años y ya es un clásico del barrio, “un homenaje a sus tempranos orígenes, su herencia familiar y cultural”. Tiene clientes asiduos que vuelven por las milanesas de lomo apanadas con panko, por el tiradito de pesca artesanal con maracuyá, cebolla roja, cilantro, jengibre y limón, o por la mousse de chocolate blanco. Vicenta ofrece cocina fresca, auténtica y exquisita.

Vista panorámica desde la explanada Marosa Di Gorgio, en un espléndido día de sol

En el extremo sureste de la ciudad, cerca de la Rambla de Carrasco y del magnífico edificio donde funciona el hotel cinco estrellas Sofitel, están Rio y Manzanar, las dos propuestas gastronómicas de Gustavo Barbero y sus hijas, Jimena y Victoria. Muy cerca uno del otro, cada restaurante tiene una personalidad bien definida. Manzanar convida a los comensales el clásico caldo de res, elaborado con huesos y carne y cocido a fuego lento, un sello de identidad. También destacan su rack de corvina a la parrilla y la pascualina aggiornada con toque Manzanar: pizza de espinacas salteadas con un huevo en el centro, su yema estilo poché, inspirada en un plato que padre e hijas probaron alguna vez en el Soho de Londres.

Vista de la ciudad desde el mirador de la Intendencia

Rio Café & Restaurant impacta por la gran luz natural que inunda todo el local y por la enorme barra ubicada en uno de los laterales, con cocina a la vista. Entre sus clásicos destacan el bao bun de langostinos a la robata con palta, alioli de chipotle y cilantro; la pizza napolitana; y el mezze típico de Oriente: hummus de garbanzo, baba ganoush y pan inflado. Es frecuente ver a Francis Mallmann, amigo de la familia, en Rio y Manzanar.

Una larga línea de arena húmeda, rocas y orilla serpentea la costa rioplatense. La Rambla de Carrasco es el final de un recorrido que tuvo su comienzo en la Escollera Sarandí. Y una de las vistas más hermosas está a unos 40 minutos de caminata, en la Plaza Virgilio, después de la Rambla de Carrasco y rumbo a la Rambla Sur. Es el lugar perfecto para esperar el atardecer, que ya se sabe, es único.

Oportunidad de mercado
Logo de Lagrange
Precio de Lagrange(LA)
$0.23414
$0.23414$0.23414
-2.15%
USD
Gráfico de precios en vivo de Lagrange (LA)
Aviso legal: Los artículos republicados en este sitio provienen de plataformas públicas y se ofrecen únicamente con fines informativos. No reflejan necesariamente la opinión de MEXC. Todos los derechos pertenecen a los autores originales. Si consideras que algún contenido infringe derechos de terceros, comunícate a la dirección crypto.news@mexc.com para solicitar su eliminación. MEXC no garantiza la exactitud, la integridad ni la actualidad del contenido y no se responsabiliza por acciones tomadas en función de la información proporcionada. El contenido no constituye asesoría financiera, legal ni profesional, ni debe interpretarse como recomendación o respaldo por parte de MEXC.