Esta es una época en que tanto el profesional como el profesionalismo diplomático son cuestionados. No obstante, la diplomacia se expande en un abanico de espacEsta es una época en que tanto el profesional como el profesionalismo diplomático son cuestionados. No obstante, la diplomacia se expande en un abanico de espac

La Argentina se ha colocado en el nadir del multilateralismo

2026/01/02 11:05

Esta es una época en que tanto el profesional como el profesionalismo diplomático son cuestionados.

No obstante, la diplomacia se expande en un abanico de espacios y dimensiones: diplomacia presidencial, diplomacia parlamentaria, diplomacia militar, diplomacia privada… Surgen los spin doctors internacionales, y en muchos casos, hay una inversión del funcionamiento histórico del tema: los dirigentes dejan de ser líderes y se convierten en seguidores. En este mundo global e interdependiente en el cual es esencial entender y comprender al que no piensa como uno, para poder avanzar en la cooperación global, surge con gran claridad la vigencia del pensamiento y acción de notables hombres públicos que dio nuestro país, como Bernardo de Monteagudo, Mariano Moreno, Domingo F. Sarmiento, Juan B. Alberdi, Carlos Tejedor, Bernardo de Irigoyen, Norberto Quirino Costa, Estanislao Zeballos, Francisco P. Moreno, Carlos Calvo, Joaquín V. González, Luis María Drago, Roque Sáenz Peña, Ángel Gallardo, Honorio Pueyrredón, Carlos Saavedra Lamas, Carlos M. Muñiz.

Con este horizonte, cuando el Comité Noruego otorgó el Premio Nobel de la Paz el 25 de noviembre de 1936 a Carlos Saavedra Lamas, entonces ministro de Relaciones Exteriores de la Argentina, se inauguró la era del multilateralismo en la política exterior argentina. Saavedra Lamas asumió la brújula de una política exterior basada en la defensa de la paz, el multilateralismo, la solución pacífica de controversias, privilegiando el derecho, la mediación y la diplomacia en lugar del recurso inmediato a la violencia armada. Consciente de la naturaleza interdependiente del sistema internacional abogó por la universalización de los derechos sociales, económicos y laborales.

Cuando el 22 de septiembre de 2024 el gobierno del presidente Javier Milei se disoció del Pacto del Futuro de las Naciones Unidas, se abandonó esa brújula, desmagnetizando décadas de nobles tradiciones diplomáticas argentinas y dejándonos frente al nadir del multilateralismo argentino.

La República Argentina, uno de los 51 miembros fundadores de la ONU, fue siempre activa y responsable en la ONU, ayudando a la consolidación y ampliación de la arquitectura internacional. Así, a partir de la década del 50 participamos de uno de los procesos más significativos del siglo, la descolonización, que incorporó a decenas de nuevos países a la vida de la comunidad internacional, la familia humana, según lo expresa la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Nuestro país contribuyó al diseño del moderno e importante marco institucional y jurídico para la protección de los derechos humanos, económicos y sociales, un compromiso y una acción que hoy se han abandonado en cuestiones que no solo son delicadas, sino que también forman parte de nuestro corpus jurídico y constitucional, como la cuestión del género, la infancia, la discapacidad, la discriminación, la igualdad, entre otros.

Históricamente, la Argentina también ha sido un importante contribuyente a las operaciones de mantenimiento de la paz desde casi sus inicios. Su participación se remonta a 1958, cuando varios observadores militares se unieron al grupo de observación de la ONU en el Líbano. Desde entonces, alrededor de 40.000 hombres y mujeres argentinos han participado en unas 35 operaciones de paz de la ONU.

Hoy, tenemos una de las participaciones más reducidas de nuestra historia, a lo que se sumó el año pasado la retirada unilateral de los observadores argentinos de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (FPNUL). La actual política exterior del presidente Milei basada en una limitada y selectiva alineación, por muy amistosos e importantes que sean los países, dificulta abordar los complejos problemas globales de estos tiempos, bien definidos por el exsecretario general de la ONU, Kofi Annan, como problemas sin pasaporte. Además, ello no necesariamente responde y defiende los intereses y valores nacionales, como bien se ve en las recientes votaciones en el ámbito de la Organización de las Naciones Unidas.

Otra área de activismo multilateral que también ha sido marginada es la relacionada con la ecología y el cambio climático. El Gobierno argentino niega la dimensión antropogénica del aumento de las temperaturas globales y se distancia de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y del Protocolo de Kyoto, así como del Acuerdo de París. Si bien el gobierno participó en la reciente conferencia sobre el cambio climático (COP 30) organizada por la ONU en Brasil, envió una delegación de nivel exclusivamente técnico. Se limitó su accionar político y no participó en las decisiones relevantes.

En este contexto de repliegue, en febrero de este año el Gobierno anunció la retirada de la Organización Mundial de la Salud.

Otra ruptura ha sido la cuestión de Palestina. La Argentina reconoció al Estado de Palestina como “Estado libre e independiente” el 6 de diciembre de 2010, dentro del marco de las fronteras de 1967. En virtud de ello tenemos en Ramallah una Oficina de Representación en el Estado de Palestina, y el Estado de Palestina tiene una embajada acreditada en nuestro país. Sin embargo, el actual gobierno vota sistemáticamente en contra de las resoluciones que llaman a una solución pacífica, el respeto de los derechos del pueblo palestino y una solución de dos Estados, ambos reconocidos por la Argentina.

En otra deserción, el 22 de noviembre último el gobierno argentino fue uno de los países que no acompaño la Declaración Final del G-20, que tuvo lugar en Sudáfrica, con el argumento de las líneas rojas. Argumento difícil de sostener ya que en toda negociación multilateral la concesión mutua y los acuerdos consensuales suelen primar. De eso trata la diplomacia multilateral. Y, como ultima ratio, siempre existe el mecanismo de las reservas. Romper, ausentarse o disociarse no son prácticas sustentables, ni fueron parte de la caja de herramientas de la diplomacia argentina.

En este escenario, el multilateralismo -un esquema de negociación y búsqueda de resolución de conflictos, basado en la acción colectiva concertada- con su contraparte en la ONU, es aún más relevante ahora que en 1945.

El multilateralismo es un campo de acción universal y humanista para la construcción de la paz. Por lo tanto, al rechazar la Agenda 2030 por razones de soberanía (ignorando que la ONU no constituye un gobierno supranacional y que los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible son indicativos), el actual gobierno argentino se está colocando en un lugar periférico en la escena mundial.

De hecho, los retos de este siglo solo pueden abordarse mediante la cooperación y la asociación con la mayor cantidad de países afines.

Las alianzas se constituyen para maximizar el interés nacional, y la Republica no puede ni debe limitarse a uno o dos países. El Mercosur, la región latinoamericana, la Unión Europea, África y Asia son todos ámbitos de convergencia con los cuales, en mayor o menor medida y dependiendo de los temas, el interés de la Republica se potencia. El multilateralismo no es un corralito ni un corralón, es la moderna ágora de la cooperación y fraternidad entre los pueblos.

Pero para ello hay que dejar de lado las prácticas y doctrinas unilaterales, propias de siglos pasados, que castigan innecesariamente a pueblos y naciones.

Debemos fortalecer los mecanismos universales ante los peligros de fragmentación identitarios.

Fundamentalmente, debe constituirse una concertación de liderazgos morales, en torno a la convicción de que se deben abordar los problemas globales a través de soluciones cooperativas en un ámbito multilateral. En términos históricos la Argentina ha servido de puente y ha liderado a través de una muy activa diplomacia multilateral, hoy en día más necesaria que nunca para fortalecer la gobernanza mundial frente a un intento arcaico y disfuncional de restablecer zonas de influencia.

La República Argentina debe recuperar su activismo global responsable de acuerdo con su historia, tradición y capacidades.

Embajador, Miembro del Servicio Exterior de la Nación.

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