La sonrisa de Rodrigo Fernández Cedrés representa el momento de IndependienteLa sonrisa de Rodrigo Fernández Cedrés representa el momento de Independiente

Rodrigo Fernández Cedrés, el motor del renovado Independiente: “Juego al límite, sino me quedo en mi casa”

2026/01/18 19:27

MONTEVIDEO (Enviado especial).- Canelones es un departamento que se encuentra en las afueras de la capital de Uruguay. Se respira otro aire. Más aún, en un complejo de descanso y deportes, como en el que está Independiente de pretemporada. Rodrigo Fernández Cedrés se siente como en casa. “Es muy lindo pasar por Uruguay, hace muchos años que estoy afuera. Me vienen a visitar al hotel, me siento como en mi living. Es un plus”, reconoce el motor del Rojo, el freno de mano de un equipo que vuela hacia adelante.

Y que es la sensación del verano: los tres triunfos en la Serie Río de la Plata se suman a los últimos cuatro en el torneo local. Siete seguidos, toda una sorpresa representa el equipo que conduce Gustavo Quinteros.

Fernández Cedrés, en el oasis de Canelones, antes de emprender la vuelta a Avellaneda

Pero antes, mucho antes, este mediocampista técnico y aguerrido jugaba en el parque de diversiones más famoso del mundo. “Nací y vivía en Uruguay, pero por un tema laboral de mi papá, nos tuvimos que ir a los Estados Unidos. Él trabajaba en una empresa de calzado y le ofrecieron la gerencia de una franquicia en Miami. Nos fuimos con mi mamá, mi papá y mi hermano, viví tres años en Miami, llegué con 7 años. Vos pensá que yo vivía en un barrio tranquilo de Montevideo y de un día para el otro aparecí en la gran ciudad. No sabía inglés, iba a la escuela y fue bastante difícil, a los tres meses me empecé a comunicar bastante bien. Tengo lindos recuerdos de esa etapa. No había uruguayos ni argentinos, solo dos o tres colombianos, la mayoría eran americanos”, cuenta el prólogo de su historia, a metros de una pradera que invita a galopar.

“Yo empecé a jugar al fútbol allá, en realidad, al soccer, que en esa época era el quinto o sexto deporte en ese país. No era bueno el nivel del fútbol, mis compañeros tampoco, jugaba con categorías cuatro, cinco años más grandes. Estaba en un club, como un baby fútbol, competíamos y todo, pero ellos no se lo tomaban tan en serio. Para mí, que venía de Uruguay, era bastante fácil”, cuenta, relajado, lejos de la exigencia física y mental.

Rodrigo Fernández Cedrés, cabeza levantada, en un choque con River

-¿Y no te aburrías?

-El fútbol siempre fue mi sueño, desde chico. Siempre supe que iba a jugar, tenía el presentimiento de que iba a ser un jugador de primera. La cuestión fue que mi papá se peleó con el jefe y yo justo estaba en Disney, en un torneo que se juega todos los años. Había un dirigente de Danubio, que andaba por ahí, me vio y me dijo que quería contar conmigo. Justo explota la situación laboral de mi papá y nos volvimos. Me probé en Danubio, me ficharon y en ese club estuve como 13 años.

Guaraní, Santos, Newell’s. Y hace un año se viste con la piel roja, en una temporada tan especial como traumática: es el único grande que no participa de un torneo internacional y hace 24 años que no se consagra en el ámbito doméstico. El “ahora o nunca” se respira en el ambiente de un equipo que ofrece espectáculo.

-Este Independiente juega al ataque y se descuida. Por tu perfil, ¿sufrís o disfrutas de este esquema?

-Sé que mi posición me pide siempre estar preparado para cuando perdemos la pelota, hay que marcar rápido y recuperar. Organizar la defensa, también. Tenemos un equipo muy ofensivo, tengo que estar preparado, en alerta. Estoy preparado para este desafío, me gusta. Y lo disfruto.

-¿Otros juegan, atacan, se divierten… y vos tenés que correr?

-No es tan así. Muchos corren con la pelota y yo, a veces, les cubro los espacios. Todos corremos, en realidad. Tenemos un plantel parejo, cada uno tiene su papel. Yo tengo claro que tengo que recuperarla.

-Hace 24 años que Independiente no sale campeón del torneo local. Demasiado tiempo para una institución tan grande.

-Es el sueño que tenemos. Desde el primer día pensamos en este objetivo. Más allá de que no jugamos copas (porque si nos hubiéramos clasificado la idea era la misma), sabemos que estamos obligados a pelear por el título. Tenemos que redoblar esfuerzos de lo que hicimos el año pasado, porque no nos dio. En el primer semestre estuvimos cerca, nos quedamos en la puerta de la final. Tenemos la responsabilidad de elevar la vara individualmente para tratar de ir por el título que quiere la gente y nosotros.

Rodrigo Fernández Cedrés, con la 5 de Newell's;  detrás, Lionel Messi

-Hace un año que estás en Independiente. ¿Se buscan las razones de ese maleficio, es parte de las charlas diarias?

-No quiero entrar en esos temas, porque hace poco que estoy acá. El fútbol es así, a veces son rachas, las rachas a veces son favorables, a veces no. Lo que sí sabemos es que estamos en un año en el que tenemos que pelear contra todo: contra la racha, contra los equipos, contra lo que sea para lograr ese título.

Es muy familiero, le agrada estar básicamente cerca de los suyos. De Jorgelina, su mujer, y Bautista y Delfina, sus hijos. Un plan ideal es el asado con la familia, instalarse en la playa cuando pasa por Uruguay. El oasis de la tranquilidad.

Aunque tiempo atrás, un contrapunto con Lionel Messi y Luis Suárez (sobre todo) lo sacó de las casillas. “Yo estaba en Newell’s y jugamos un amistoso con Inter Miami. Yo fui a trabar una pelota con Suárez, la pelota quedó ahí, forcejeamos, discutimos un poco y ahí vino Messi y me dijo algo. Mi problema era con Suárez, con Messi no tuve ningún problema, tampoco le respondí directamente. Son cosas que quedan ahí. Yo juego siempre así, de la misma manera, aunque sean partidos amistosos. Juego fuerte, al límite, sino me quedo en mi casa”, advierte, recostado en un sillón. Cosas del fútbol, que a veces marcan el sentimiento.

“Fueron cosas que pasaron en la cancha; un encontronazo. Ni me acuerdo bien qué pasó. Con Messi no volví a cruzarme, quedó ahí. La verdad, no fue lindo, porque a Suárez uno lo tenía en un lugar muy privilegiado, no me gusta pelearme con alguien así. No era mi ídolo, pero es uno de los jugadores más importantes de la historia de Uruguay. Son cosas que pasan. Siempre respetando… hasta que te faltan el respeto. Y bueno. No tengo ningún problema con él, pero no volvimos a hablar”, recuerda el motor, de apenas 1m72 pero que cuando planta bandera, mejor correrse a un costado.

La cancha es como una continuidad de la propia vida. “El fútbol es todo lo que uno soñé de chico, dejé muchas cosas de lado, me preparé mucho para estar en donde estoy. Me acuerdo de los sacrificios de mis padres, de mis abuelos, que me insistieron en los momentos duros que no abandonara, que siguiera. En juveniles muchas veces no jugaba y mis amigos ya empezaban a trabajar, a tener su plata y ahí es donde te hacés un montón de preguntas. Mis abuelos Rosario (falleció) y Daniel fueron claves para sostenerme. Mi pilar”, suelta una emoción.

Independiente es la sensación del verano

Más allá de la presión de Independiente por una bendita vuelta olímpica, reflexiona sobre los límites del fútbol. “Tiene cosas buenas y malas. Soy un privilegiado de tener la oportunidad de trabajar de lo que me gusta, de jugar en un equipo como Independiente, de construir una carrera. Entrenar dos horas y volver a casa para estar con mis hijos. ¿De qué me puedo quejar? Bueno, hay cosas malas. Yo trato de no consumirlas, trato de aislarme cuando juego bien o juego mal. Hoy en día, las redes sociales te suben a un lugar de privilegio y cuando te va mal, sos el peor jugador del planeta. Es algo que aprendí a no consumirlo, un aprendizaje que conseguí con los años”, entiende Fernández Cedrés, del relax de Canelones a la adrenalina de Avellaneda. Sin escalas.

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