El historiador Roy Hora analiza el pasado, presente y futuro del paísEl historiador Roy Hora analiza el pasado, presente y futuro del país

Roy Hora: “Ahora la Argentina se abre mucho más que en otras épocas y quizás no es el mejor momento para que esto suceda”

2026/02/01 11:04

Los dos años de Javier Milei muestran, según el historiador económico Roy Hora, una evolución de su figura. Desde su llegada a la Casa Rosada, el Presidente mostró más “continuidades” en cuanto a la tradición de liderazgos políticos en el país que los rasgos “rupturistas” que presentaba incluso desde antes de la campaña.

“Milei fue un experimento político en el sentido de la novedad y su categoría de outsider. Creo que el único que califica en esa categoría verdadera fue Perón, que vino de fuera también del sistema político”, dice el académico, cuyo libro Los terratenientes de la pampa argentina fue recientemente reeditado. “El éxito mismo que alcanzó Milei en estos años, no solo en la elección de 2023, sino también en 2025, lo convirtieron en una figura mucho más... no digo amigable, pero con mucha más capacidad para sintonizar con el sistema político argentino”, agrega Hora en diálogo con LA NACION, al analizar el liderazgo del Presidente y sus ideas económicas.

-¿En qué sentido se da esa sintonía?

-Era una persona que venía a romper todo y, finalmente, quizás en unos años lo veamos en una clave de continuidad. Con todos los elementos de ruptura que uno puede marcar, pero también con algunas claves de continuidad, en términos sobre todo de la trayectoria política argentina. Es un país que tiene una cultura política de liderazgos muy potentes y una dimensión agonal de la vida pública. Y uno puede ver algunos de esos elementos en la manera en que Milei ejerce el poder.

“Outsider”: el rasgo político que conecta a Milei con Perón, según Roy Hora

-¿Qué incluye entre esos éxitos?

-Hablo fundamentalmente de los resultados electorales. Y eso no se entiende si no es a la luz de los logros económicos de su gestión, que fundamentalmente es la baja de la inflación. Creo que es muy temprano para establecer un balance definitivo. Digamos, es una navegación con muchas tormentas y con momentos en los que fue salvado desde afuera, pero el hecho de que mitad de la Argentina lo acompañe me parece que es un dato políticamente relevante, e incluso a aquellos que no nos gusta tanto su figura creo que tenemos que reconocer ese dato.

Roy Hora:

-¿A qué etapa histórica del país se puede asimilar Milei, a partir de su gestión y sus ideas?

-Me cuesta mucho colocarlo en una perspectiva de largo plazo, porque la muy drástica baja del gasto público que lanzó en los primeros meses de su gobierno no tiene paralelos en la historia argentina. Hubo en otros momentos planes de ajuste, Perón en el 52-53, otro con Alfonsín, hay varios, pero me parece que ninguno de la envergadura y la potencia del que lanzó Milei. Ahí hay un rasgo original. Es la pena que nos toca a los argentinos por los desarreglos macroeconómicos de por lo menos dos décadas.

-¿Dónde y en qué momentos focaliza esos desarreglos?

-Marcaría dos en particular. Primero, el muy fuerte incremento del gasto público en el segundo gobierno de Cristina [Kirchner], en el marco de una gestión que ya venía con muchas limitaciones en términos de su competencia técnica, y creó un escenario en el que era inviable que eso funcionara en el mediano y largo plazo. Al incrementar en por lo menos 15 puntos del PBI el gasto público, iba a chocar con la pared en algún momento. Y después, las dificultades un poco de la gestión de [Mauricio] Macri y sobre todo la gestión [Alberto] Fernández para modificar el rumbo. Esa combinación de estancamiento con inflación, donde la economía no funciona, una oferta de bienes públicos cada vez más deteriorada, de peor calidad, inevitablemente abrían la puerta para una impugnación global de la manera en que estaba organizada la economía y en particular el sector público.

El “ajuste sin precedentes” que pudo implementar Milei, según Roy Hora

-Milei se define como liberal libertario. Solía mencionar referentes del país como Alberdi. ¿Qué elementos tiene de ese liberalismo?

-La Argentina tiene esa tradición liberal, pero creo que ya se señaló varias veces que ese liberalismo argentino fue un liberalismo constructor del Estado. Más allá de los nombres que pongamos en el centro, de Alberdi a Roca, el liberalismo argentino funcionó en un marco que no se construyó tanto en oposición al Estado, sino que su tarea fundamental fue la construcción de las instituciones que hicieron posible el gran crecimiento económico de esas décadas y la formación de una nación. Perderíamos el tiempo discutiendo cuán liberal es Milei. La razón de fondo de su llegada al Gobierno tiene mucho más que ver con el escenario de callejón sin salida en el que el país se metió que con la potencia de un ideario alternativo.

Roy Hora:

-¿Cómo operó esa construcción del Estado como elemento para el desarrollo en esos años?

-Al país le fue muy bien en ese período, entre 1880 y la década de 1920. Tenía una economía muy dinámica, con mucho crecimiento. Y el sector público también creció. Cuando uno mira ese período, no solo el país pudo desplegar políticas públicas muy ambiciosas, donde la joya de la corona fue el sistema educativo, sino que también el país gastó mucho en otros campos, como las fuerzas armadas. A comienzos del siglo XX, la Argentina tenía quizás la sexta o la séptima flota del mundo. Y, medida per cápita, estaba entre las tres primeras del mundo. Eso habla de las características del proyecto de ese grupo, que llamarlo liberal solo ilumina un aspecto de su visión. Esa gente dijo: “Vamos a construir un país moderno que va a ser muy distinto al de Rosas y la guerra civil, donde la violencia política fue el pan nuestro de cada día”. Pero el otro aspecto fue la enorme ambición en términos de construcción institucional, que por supuesto no se vincula de ninguna manera con el ideario de una figura como Milei, que cifra mucho más valor en el mercado que en el Estado, e incluso en la regulación del Estado por parte del mercado

-¿Cuán rico era efectivamente el país en esos años?

-Milei tiene un punto, que tampoco es demasiado original, y es que cuando uno mira al país a fines del siglo XIX, el ingreso per cápita es muy alto, producto sobre todo de que se construyó un orden institucional más sólido, el país posee esos recursos naturales formidables que le da la pampa y el mundo es un mundo muy amable para un país que tiene esos recursos. Esa primera globalización fue un regalo del cielo para un país como la Argentina, que creció muy rápido, mucho más rápido que los países del Atlántico Norte, y por supuesto se separó del resto de América Latina, se europeizó. El hecho de que fuese el país que más inmigrantes recibió en el mundo como proporción de su población nos está diciendo algo. Muchos europeos, y no necesariamente los más pobres, pensaban que la Argentina ofrecía un horizonte de progreso y bienestar muy potente, tanto por el nivel de salario, que era relativamente alto, como por las oportunidades que ofrecía un país en construcción. Y creo que hay que detenerse en un punto para entender lo que vino después, y es que el país creció mucho y se armó como una sociedad compleja, muy urbanizada, con una ciudad como Buenos Aires, de las más modernas del mundo, y una población ambiciosa y con la esperanza de progresar.

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-¿Qué implica eso?

-No era solo una economía dinámica en el campo, que era su verdadero motor, sino una sociedad urbana muy sofisticada y compleja, con clases medias, trabajadores bien integrados, sindicatos y demás. Y si a eso en algún momento la suerte le es esquiva, como pasó desde los años 30, se crea una tensión muy grande, con un sector productivo muy dinámico que ya no puede sostener ese crecimiento, una sociedad que demanda un nivel de bienestar más alto que el que su economía puede producir y un sistema político sobre el cual va a caer esa presión con mucha fuerza. Ahora estamos pasando un momento así.

Roy Hora:

-¿En qué sentido?

-Desde hace un par de décadas estamos viendo la declinación de esa sociedad urbana tan pujante que fue decisiva para entender lo que pasó en el país desde los años 30 y 40 en adelante. Apostó por un camino que era más capaz de producir bienestar que crecimiento. Fue una economía que, incluso antes de la llegada de Perón, estaba muy seteada para que las demandas de mejora del bienestar le dieran pelea y muchas veces se impusieran a las demandas de racionalidad económica que hacen que el camino para el crecimiento vaya en una dirección. Y esa frustración fue resuelta a través de una serie de decisiones, centralmente de cerrar la economía y proteger el sector industrial, que difícilmente podían inaugurar un ciclo de crecimiento tan potente como el anterior. Podían producir más bienestar, pero difícilmente produjeran tanto crecimiento. Y de a poquito el motor del crecimiento argentino se fue llenando de arena hasta que, desde los años 90, en un mundo más hostil para el proyecto de una industrialización cerrada, pasó a tener rendimientos cada vez más decrecientes en términos de bienestar. Y la consecuencia es esto que estamos viviendo, en el sentido de una economía que no funciona en el marco de un sistema globalizado. Ahora estamos viendo quizás un momento donde esto se rompe. Y es un punto de conflicto.

-¿Por qué? ¿Qué escenario se abre?

-Ahora la Argentina se abre mucho más que en otras épocas y quizás no es el mejor momento para que esto suceda. La alianza del Gobierno con Estados Unidos es central para su estabilidad, pero el mundo parece moverse en una dirección que le da la espalda a la globalización. Esto, por supuesto, no empezó ahora. Y veremos si este nuevo alineamiento internacional es lo suficientemente potente como dar alguna respuesta a los problemas.

-¿Hubo en la historia algún otro momento de alineación tan estrecha de un gobierno argentino con Estados Unidos?

-Creo que nunca. Esto es una novedad muy reciente. Vamos a ver cómo se desarrolla. Una de las tragedias de la Argentina en el siglo XX es el hecho de que el país estaba muy cómodo en una relación económica con Europa, pero, desde la década de 1920, Estados Unidos se convirtió en el principal motor del desarrollo capitalista global. La Argentina siempre estuvo mal encuadrada en ese universo.

-¿A qué se debe?

-Desde esa década, Estados Unidos fue fundamental. La sociedad argentina es una sociedad muy parecida a la norteamericana, en el sentido de que tiene (tenía, ahora cada vez menos) altos niveles salariales, clases medias significativas y patrones de consumo similares. Muchos de los bienes que esos argentinos querían consumir y su mejora del bienestar estaba muy asociada a ese vínculo. Pero era un vínculo imposible, porque son economías competitivas y no complementarias, a diferencia de la relación que la Argentina tenía sobre todo con Gran Bretaña, pero también con otros países europeos. Y eso fue una tragedia propia, otros países de la región no la sufrieron tanto. Brasil es mucho más compatible, con su agricultura tropical y explotación de minerales. Pero con agricultura y alimentos del clima templado, algo que Estados Unidos tiene, siempre nos hizo la vida difícil. Y esa relación fue tensa y compleja. En distintos momentos hubo intentos de reformularla o asentarla sobre bases más sólidas. Lo intentó Perón, lo intentó Frondizi, sobre todo vía la llegada de empresas norteamericanas e inversión en producción automotriz, energía y demás, pero siempre fue complicado. Ahora tenemos una oportunidad para que sea una relación más productiva.

-¿Por qué?

-Creo que la energía y los minerales, que es como la novedad del entramado productivo argentino, son el tipo de productos que nos pueden colocar en una relación mucho más amable con Estados Unidos. Esto por supuesto depende mucho de una relación personal, que es la que estableció Milei con [Donald] Trump, que son dos figuras muy disruptivas y problemáticas para sectores importantes de su población, que veremos si llegan a mantenerse en el gobierno y, sobre todo, de convertir este acercamiento personal en una política pública sustentable en el tiempo.

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